La grandeza del desertor
2010-03-20 El Comercio

Canta Ry Cooder en “Sand of México”, incluido dentro de San Patricio, el último disco de The Chieftains:
“Mi nombre es John Riley
atendedme un momento
dejé mi tierra irlandesa
la muerte y el hambre o el exilio
y cuando llegué a América
mi deber era alistarme
en el ejército y cruzar Texas
para luchar en la guerra contra México.
En medio de los montes y los pueblos
vi el error que había cometido…
aquellos pobres católicos moribundos
niños gritando, el hedor infernal
yo y doscientos irlandeses decidimos levantarnos.
De Dublín a San Diego en defensa de la libertad negada
formamos el Batallón de San Patricio
y peleamos al lado de México”.
The Chieftains cumplirán en nada sus primeros cuarenta años juntos. Me cuesta saber que número hace su último disco. Si sólo cuento los que grabaron juntos, pasan de treinta. Pero luego existen colaboraciones e historias de todo tipo. Quizás hasta San Patricio sea una de ellas. De hecho lo firman a medias con Ry Cooder. Una colaboración que ya viene de atrás. Con alguien que ha vendido cerca de diez millones de discos con Buena Vista Social Club.
El disco entero es un homenaje a la música mexicana. A su influencia en la música del mundo y a la importancia que los sonidos de raíz tradicional siguen teniendo en la música actual del país. Da igual que sintamos a Chavela Vargas que a Los Tigres del Norte, que a Lila Downs o a la Banda de Gaita de San Patricio de México, que a Los Camperos del Valle o a Los Cenzontles. Algunas de las muchas colaboraciones que convierten el disco en un encuentro coral.
Sigue cantando Ry Cooder:
“Marchamos bajo la bandera verde de San Patricio
con la leyenda Erin Go Bragh
el arpa y el trébol y Libertad para México
solo cincuenta años después de Wolftone
y cinco mil millas más lejos
los yanquis nos llamaron Legión Extranjera.
Pueden llamarnos lo que quieran”.
Hace quince años su disco Santiago ya apuntó ese camino de ida y vuelta. La disculpa era la seguir las músicas de la ruta milenaria. Xuacu Amieva interpretaba allí “El besu”. Pero también estaban Los Lobos y Linda Ronstad, con una versión impagable de “La Virgen de Guadalupe”. Y otras colaboraciones grabadas en los lugares más sorprendentes, como el Convento de San Paio de Antealtares o, el broche final con que se cierra el disco, en el Pub Dublín de Vigo.
Paddy Moloney habla en el folleto del disco de ese viaje casi iniciático al encuentro de la música gallega siguiendo el Camino de Santiago. Ahora vuelve a hacerlo para contarnos otra historia: la de un puñado de desertores irlandeses que acaban peleando bajo la bandera mexicana. No vencieron. Su historia atesora la épica de la derrota. La doble faceta de ser considerados unos bandidos y unos héroes según el lado de la frontera.
Para, de alguna forma, venir a contarnos en este disco que la historia de estos desertores irlandeses es la historia de su propia deserción. Huir del ámbito cerrado de la música irlandesa para abrirse a la música del mundo. Pero, también, con igual fuerza, mostrar a todos que con las herramientas de su propia música también son capaces de construir música del mundo. Esta es la grandeza del desertor.
Termina cantando Ry Cooder:
“Peleamos en cinco importantes batallas
Churobusco fue la última de ellas
abrumados por los cañones de Boston
fuimos cayendo bajo los disparos
muchos de los nuestros murieron en las colinas
al servicio del estado mexicano
muy lejos de nuestro querido hogar
fuimos héroes y víctimas del destino.
De Dublín a San Diego en defensa de la libertad negada
formamos el Batallón de San Patricio
y peleamos al lado de México”.
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