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Canciones para después de una guerra

2011-08-06  El Comercio


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Buena parte de la historia reciente de Asturies podría hilvanarse a partir de los cantares que hablaban de la época: La Francesada, La Carlistada, la Primera República, el éxodo emigrante de finales del XIX y primeros del XX, la Guerra de África, el Directorio, la Segunda República, la Revolución del 34, la Guerra Civil del 36 y el largo periodo de Posguerra. A pesar de ser un repertorio bastante desconocido.

Un ejemplo: un cantar como “La Tirana”, extendido por toda España y uno de los mayores éxitos de muy primeros del siglo XIX, despareció totalmente del repertorio popular y apenas quedó alguna referencia de él en los libros y prensa de época. La letra es suficientemente explícita para darse cuenta de que, pasada la época, pasado el tiempo de la canción:

El mundu entero lo dice
digo que tienen razón
que la Convención francesa
es del mundo perdición.
¡Ai, Tirana, retírate a España!
¡Ai, Tirana, huye de los rigores
del peligro de la Convención!
Sí, sí, Tiranilla
sí, sí, picarilla
porque si te cogen
porque si te pillan
pondrán tu cabeza
en la guillotina.

Apareció hace unos años en un recopilatorio de Joaquín Díaz sobre la Guerra de la Independencia y también formó parte del espectáculo musical interpretado a mediados de agosto de 2008 en la Plaza Mayor de Xixón, conmemorativo del bicentenario de la sublevación de Asturies contra los invasores franceses.

Doscientos años de distancia son suficientes para sepultar en el rincón del olvido todo ese repertorio. Por más que algunas melodías del tiempo hayan llegado en mejores condiciones hasta nuestros días, como la “Diana floreada” de los gaiteros, romances como “Un francés vino a España”, giraldillas como “La panadera” (la que empieza “A la entrada d’Uviéu / y a la salida / hai una panadera / muncho me mira”), cantares infantiles como el de “Mambrunu” o xácares como la que dice:

Los cañones de Xixón
ficieron pon, pon y pon
pero de nada-y sirvieron
al gochu de Napolión.
Que del cañón de Xixón
salió un rayu que te parte
márchate pa bona parte
como fuisti de Xixón.

Con todo, las canciones que más han quedado sepultadas en el olvido son las pertenecientes a la guerra más cercana, la que tuvo lugar en Asturies entre 1936 y 1937, y se alargó en España hasta 1939. La recuperación del romance de “Aida de la Fuente” por el grupo Nuberu a mediados de los setenta hizo sospechar una puesta al día de todo ese repertorio. Pero apenas se llegó más allá.
Algunas canciones de este repertorio, por su temática, siguen cantándose con la boca pequeña. Apenas existe una grabación del grupo Xana, de hace bastantes años. Hablaba de los sucesos de octubre del 34 y contaba cosas como:

Cuando en octubre en toda España
se oyó la voz de revolución
Asturies brava salió a la calle
con energía y con valor.
Después de días de gran batalla
de haber vencido a la reacción
noticias llegan de Cataluña
con la gran prueba de su traición.
Los catalanes, su cobardía
nos demostraron con su valón
aquellas gentes que tanto hablaban
y amenazaban a la nación.
 
Algo similar le ocurrió al pequeño romance que describía la defensa del puente del río Deva, a la altura de Bustio, por los guajes del Batallón Comunista de Boo:

La ponte del ríu Deva
pásala’l ferrocarril
porque tan pa defendela
les bales del mi fusil.
Quién son esos que defienden 
la so tierra hasta morir:
son los mineros d’Asturies
dispuestos de combatir.
Y quien son esos d’enfrente
col gorretu coloráu:
son los moros y los vascos
que traicionaron Bilbáu.

A la mayor parte de cantares, además de la temática, los sepultaron cerca de cuarenta años de posguerra, represión y cárcel. Entre los cantadores de tonada, como Pepe Requejo, se puso de moda “La cárcel de Llaviana”. El censor de turno no fue capaz de entender que tras su letra se escondía un canto de protesta:

Salí al patiu de la cárcel
miré al cielu y dí un ximíu
ónde tá mio llibertá
que tan mozu la he perdío.  

Como cuando entre muchos de ellos se interpretaba “Caballu al verde”. La que todos sabían habían sido la última voluntad, ante el pelotón de fusilamiento, de Alfonso Piloñeta, El Corija.

Saltándose igualmente la censura, otros cantares del repertorio tradicional se convirtieron en verdaderos himnos de la resistencia. Es el caso del romancillo popular “Al olivu”, transformado por los anarquistas de Xixón en el guardián de la memoria de su derrota:

Al olivu, al olivu
al olivu subí
por marchar de Xixón
prisioneru caí.

Como también de la giraldilla “Inés, Inés” que terminó haciendo referencia directa a la represión:

Sola tá la casa
sola tas muyer
sola tas pensando
cuando va volver.
Inés, Inés
Inesina, Inés
Inés, Inés
qué guapina yes.
Que se lu llevaron
al amanecer
dos guardies civiles
sin saber por qué.
Inés, Inés
Inesina, Inés.

Un repertorio al que habría que añadir muchas más canciones contra las que el tiempo que pasa corre en contra. Cantares que, por la sencillez de su estructura y forma, explican mucho mejor un sentimiento que todos los manuales y ensayos que hablan sobre las guerras. Y más sobre las nuestras.





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